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Misceláneos Vuvis de Guinea Ecuatorial

Misceláneos

Este apartado con el que suele cerrar cada trabajo, trata de aquello que nos resulta peculiar curioso o intrigante. Y quién o qué no tiene algo de esto. Por ejemplo, al principio se habló de cómo diversas, muy diversas gentes, componían este pueblo. Eso pervivía y creo que aún lo hace, y como buena muestra de ello, decidme qué os parece esta foto….

Misceláneos
Cuyo pie de foto reza: “Gentes de Evinayon, entre los que se daban individuos de talla desmesurada”.

Uno de cada cincuenta afroamericanos es de origen Vuvi; ya solo en los Estados Unidos, la investigación genealógica indica que muchas familias afroamericanas, a saber, los de apellido Caballero, Johnsons y Baldwins de Georgia, Michigan y Ohio son descendientes directos del pueblo vuvi.

En la actualidad la población vuvi comparte líneas de sangre con:  Los esclavos que escaparon de Santo Tomé en el siglo XIX.  Las gentes Krio , descendientes de americo-liberianos, también conocidos como fernandinos que llegaron también en el siglo XIX.   Gentes traídas de Cuba como esclavos en el siglo XVII y como criados en el XIX.  Personas Igbo y Efik, originarios de Nigeria y Camerún que llegaron como esclavos y acabaron de acólitos entre los misioneros.  Llegados desde Brasil y liberados de la serva por contrato. Esclavos del continente llevados a la región durante el siglo XVII. Trabajadores asiáticos que fueron llevados a la isla durante el siglo XIX. Españoles y portugueses. Gentes del pueblo fang que comenzaron a migrar a mediados del siglo XIX. Krumen, gentes con origen en Liberia y Costa de Marfil.  Funcionarios llegados de Angola que trabajaban en la industria marítima en la época colonial. Hay que sumar a eso, los estudios que han mostrado una considerable evidencia de marcadores genéticos del norte de África entre la población indígena de la región. En consecuencia y como ejemplo, la antigua ciudad de Santa Isabel ahora Malabo, cuenta con un cóctel de criollos considerable entre sus habitantes. 

Corisco
Saliendo de misa en Corisco en 1910. Es patente la diversidad subyacente aunada en una socialización común.

Quiero exponeros varios artículos de entre los muchos que Fernando García ‘El Africano’, cerca de 50 años en Bioko, regala a quien le interese en su blog.

Sacrificio humano 

En el pueblo bubi, no se conocen épocas de antropofagia*8,ni tampoco ceremonias de sacrificios humanos. Pese a la dureza de algunas leyes, como por ejemplo cortarles una oreja las adúlteras o a veces cercenarle la mano a un ladrón. Por ello destaca que en sus ceremonias en el ritual del Buala, exista el sacrificio humano, como nos cuenta el padre Martín del Molino en su libro ‘Los Bubis Ritos y creencias’.

El buala es una asociación, como un clan familiar, exclusivo de hombres, que gustan de manifestar su unión, con danzas y canciones y que utilizan como agrupación guerrera para defender su interés en la región.

El lobedde es el emblema característico de la agrupación, y generalmente es un objeto con forma de cayuco, ya que representa el medio en que llegaron a la isla y en cierta manera la forma con que en su origen se ganaban la vida como pescadores.

Se han encontrado en excavaciones muchos de estos objetos, que se hacían en principio de barro y posteriormente se empezaron a fabricar en madera.

Cada vez que por fallecimiento u otra causa se cambiaba el jefe del buala, se procedía a la destrucción del lobedde anterior, siendo lanzando a un barranco por los portadores del mismo, pero de espaldas al precipicio, como signo de cambio total de ciclo. A continuación se realizaba uno nuevo, adornado por diversos objetos, tales como conchas de mar. Esta asociación cultural guerrera supuso en cierta manera una lucha para llegar al poder accediendo a la jefatura de la asamblea, lo que ellos llamaban boabí.

Dentro de sus reglas, consideraban que el sacrificio humano era necesario e imprescindible para dar fuerza al buala.

El día convenido todos los pertenecientes a ese buala, debían reunirse en un claro escondido del bosque, que se había designado como sede ‘social’. Ese día se prohibía a las mujeres  salir del poblado bajo severas advertencias. Tenían obligación de acudir todos los miembros pese a saber que uno de ellos sería sacrificado.

Como la mayoría de ceremonias africanas, empezaba con una danza, cuyo ritmo aumentaba, supongo debido al topé, una bebida de aguardiente, hasta que de repente… uno de los asistentes caía bajo un hachazo en el cuello, provocado por el hechicero que dirigía el ceremonial. Al desgraciado  se le dejaba desangrar, abandonado, para que las hormigas fueran devorando su carne, estas, vigilantes del bosque africano no tardaban en percibir el cadáver. Con la sangre, se rociaba el simbólico cayuco y al boabí.

Pocos días más tarde, se incitaba a un valiente, para que fuera a recoger la calavera al bosque, acto que debía efectuar totalmente a oscuras sin llevar ninguna antorcha para iluminar el camino, debía introducirla al poblado por la noche, colgarla de un árbol de la plaza a fin de que todos pudieran verla y que sintieran el poder de su agrupación. La familia del difunto no podía exteriorizar su dolor con lamentos. El mismo individuo que había recogido la calavera del bosque, daba una vuelta a la plaza con ella y la colgaba del árbol designado para ello.

Como se entenderá por el relato, la muerte en las tribus africanas se afronta con naturalidad y como algo inevitable para que los que quedan sobrevivan”.

*8 Nota: El que ellos no practicaran la antropofagia, no quiere decir que no existiera, lo que relata Iñigo de Aranzadi, y se publica en el Poto Poto, periódico local y en algunos de la península, pues hubo un dramático episodio judicializado de este tipo, entrados los años 60 del siglo XX. Como pertenece a los fang, se encontrará el suceso en el estudio consiguiente.

lobedde
Tal vez un lobedde

Ceremonias funerarias por un jefe bubi

Cuando muere un botuku se despachan veloces correos con el fin que todos los poblados cercanos acudan a la ceremonia del entierro. Los jefes vecinos acudirán provistos de sendas cabras como regalo al alma del difunto.

Se procederá a excavar la sepultura, que consiste en dos hoyos circulares de un metro de diámetro y unos tres de profundidad donde se colocará el cadáver en la posición de sentado.

Sus mujeres lo lavan y pintan el cuerpo con la pomada ndola, ponen en su cabeza el sombrero de gala y le hacen empuñar en su mano derecha el bastón de mando, lo adornan con su collar, pulseras, cinturones colgantes de pequeñas cuentas de chibo y le sientan en un taburete, donde le harán permanecer erguido apoyando la espalda en la pared de la choza real. Se encienden dos hogueras de leña verde, que al arder produce mucho humo y que así aleja a los mosquitos molestos y evita que el cuerpo se descomponga con demasiada rapidez. Una vez colocado desfilan por delante de él los habitantes del poblado. Pasadas de seis a doce horas se juntan en la choza todos los ancianos del poblado y el más anciano, puesto  frente al cadáver, le llama a grandes voces por su propio nombre, para cerciorarse que sí está bien muerto. Después degüellan varias cabras, con cuya sangre lavan el cadáver. Lo sacan de la casa haciendo un agujero en la pared y nunca por la puerta, y lo cargan a hombros, siempre sentado en su taburete, y poniéndole en unas parihuelas construidas con troncos de helecho y cubierta de pieles. Los portadores emprenden una rápida marcha por el camino abierto a este objeto, aunque algunas veces durante el trayecto se separan de él, y siguen pistas falsas, todo ello con objeto de despistar al alma del difunto y no pueda encontrar el camino de vuelta, ya que a veces su espíritu queda cercano al poblado e incordia a sus familiares con la ‘sana intención’ de aconsejarlos.

Existía la creencia entre los bubis de que si una mujer adúltera entra en el cementerio de los jefes siendo culpable, morirá sin remedio, y por este sistema pretendían averiguar los bubis el adulterio de sus mujeres, si éstas no se atrevían a seguir la procesión las castigaban seguidamente por adúlteras.Llegados al lugar de la sepultura, colocan en el fondo de la sepultura algunos sacos de arroz, supongo para que tenga comida en su viaje al más allá, bajan el cadáver sentado y entre sus piernas asientan un arbolillo sagrado, el Iko.  Degüella el bojiammó más cabras derramando sobre el difunto su sangre.

Funeral en Santa Isabel,  ahora Malabo en 1968
Funeral en Santa Isabel, ahora Malabo en 1968

En los poblados del sur de la isla, en vez de sentarlo en un taburete o silla lo hacen en un pequeño cayuco, para que pueda navegar hacia el otro mundo. Luego se cubre todo de tierra y se inician las ceremonias de duelo, que pueden durar un mes. Durante ese periodo se hace inventario de los bienes del difunto, ya que el inmueble pasa a propiedad del jefe sucesor. 

Al atardecer se entonan himnos en su honor, relatando la vida y los hechos heroicos del finado, haciendo mención de su poderío, se supone que en función de la cantidad de aguardiente, topé, mejores serán sus hazañas. Como ceremonia final se celebra la quema total del poblado del jefe fallecido, viéndose sus habitantes obligados a trasladarse a otro lugar.

Si así fuera, qué poco valor sería el del inmueble heredado por el nuevo botuku. 

Esa ceremonia final hoy en día sería imposible, sí se podía realizar en aquel entonces en que los terrenos no tenían propiedad definida y era fácil cambiar su situación dado que las casas eran todas de nipa con algunas maderas.

Datos extraídos de: ‘Notas para un estudio antropológico y etnológico del bubi de Fernando Póo, escrito por el conde de Castillo Fiel don Carlos Crespo Gil Delgado’.

Juanjo Andreu

Juanjo Andreu

Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano

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